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España y la mar (I)



Estas breves notas introductorias tratan de determinar que España, al estar configurada como Península, es el segundo país de Europa después de Noruega, de mayor longitud litoral con sus casi 8.000 kms de costa.


Ya desde la protohistoria, especialmente desde el calcolítico -periodo conocido como la edad del cobre- las costas mediterráneas sirvieron como focos centralizadores y difusores de las culturas de los pueblos talasocráticos (pueblos marineros o que gustaban del dominio del mar).


Por el noroeste los primeros pueblos llegados a la Península Ibérica fueron foceos (en la actual Turquía) y griegos quienes nos dejaron importantes ciudades como Rosas, Ampurias, Hemeroskopeion (Denia) verdaderos centros fabriles para la época.


En el Sur, sin el litoral andaluz posiblemente jamás hubiese existido la civilización tartésica y la riqueza metálica explotada a lo largo de la historia en las tierras onubenses e itálicas de las que el tan conocido y nombrado “Tesoro de Carambolo” todavía nos sigue dando lujosas informaciones con su constante investigación que no cesa.


La Andalucía marítima y marinera que tanto ha aportado a la Historia de España cuenta con dos mares por el Este y Oeste, el Atlántico y el Mediterráneo, respectivamente, donde la Real Liga Naval Española cuenta con más delegaciones en España. Los pueblos llegados al litoral andaluz, también talasocráticos, son fundamentalmente comerciantes procedentes del mediterráneo oriental, con excepción de la Cartago norteafricana y Roma.


A mediados del siglo VI a.C. griegos son sustituidos por romanos tras la batalla de Alalia (506 a.C). Tras la ruptura del Tratado del Ebro en el 218 a.C., en que el norte es del dominio de Roma y el sur de Cartago, y cartagineses y romanos se enfrentarán hasta en cuatro guerras púnicas (los romanos llamaban a los cartagineses punicios o púnicos).


Pueblos y civilizaciones que han vivido en su historia frente al mar y por el mar adquirieron dominio, poder y riqueza. Y tal es así que es, desde Andalucía, desde donde Colón emprende su aventura al Nuevo Mundo. Mayoritariamente andaluz es el origen de galeras y veleros y, podemos afirmar que, en el sector del transporte, la supremacía corresponde al reino de Castilla en la Baja Edad Media; son los andaluces con las bahías de Cádiz y Algeciras junto con los puertos de Sevilla, Málaga, Almería y Huelva de crucial importancia en la Historia de España. Mayoritaria fue la población marinera andaluza que tanto aportó a la riqueza y esplendor de Castilla.


Como mayoritaria fue la Corona de Aragón en el dominio y desarrollo del litoral marítimo mediterráneo, muy rico tanto en restos arqueológicos como en la impronta cultural recibida de estos pueblos invasores. La Cataluña catalano-aragonesa con sus dinámicas y florecientes atarazanas llegó a dominar en la Baja Edad Media el “Mare Nostrum”, al decir de Roma. Y como canta Serrat desde Algeciras a Estambul.


Cuando España vive de espaldas al mar su decadencia es manifiesta. Verdadero error de los Austrias fue el monocultivo de la lana desarrollando una importantísima cabaña ganadera de beneficio fácil e inmediato -venta de la lana como materia prima- a los países del norte de Europa quienes la manufacturaban y nos vendían los productos elaborados. Exportar materias primas sin elaborarlas es una economía subdesarrollada y, por tanto, pobre.




La España del interior contribuyó con sus magníficas masas forestales a la construcción naval de calidad. El reinado de Carlos III supo administrar este patrimonio y dejó al fin de su reinado una España marítima potente comercial y militar.





Ricardo Zafrilla

Doctor en Historia por la Universidad de Castilla-La Mancha

Socio de la Real Liga Naval Española

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